Este poemario expresa, sobre todo el dolor de la ausencia. Un duelo con sus fases: transformar sentimientos profundos y alumbrarlos convertidos en Estaciones. Comienza con el frío invernal que llega tras la pérdida, pasando por la nostalgia de lo que fue con la esperanza de que lo nuevo, aunque tímido, está en el horizonte, para finalizar en la creencia de que el amor es el sentimiento más cálido, ya de verano.
Mercedes Lázaro
No quiero escribir desde el hielo, me digo
mejor esperar a que se caldee este hogar
que, de tan vacío, ha perdido
hasta el eco de mis palabras.
Cómo me gusta el otoño
cuando la mañana huele a lluvia
y la noche a refugio en ti.
Amanece de primavera,
inevitable y deseada,
floridos cerezos, azahar,
los días largos, la luz diferente.
Pinceladas de verde
sobre el lienzo azul,
los brotes renacidos.
Tú y yo en el camino,
a dos pasos de la poesía.
Cada palabra
deletrea mi suerte.
Respiro un poema,
lo abrigo en tu pecho
de la manera en que
el pétalo ahoja la flor
y el aire aviva el verano.
Tal vez un suspiro
en tu aliento soy
apenas roce
leve
inadvertida caricia
de tus manos.
Quizá eres huracán
casi abrazo
inesperado
como marea lunar
de mis horas

Ha seguido y perseguido la expresión poética de las líneas, colores, tonos y figuras que habitan su ser, mediante versos compuestos con economía de medios, sin palabras ni conceptos de más, lo que los hace brillantemente accesibles al entendimiento y sensibilidad de quien los lee.