Vecindades

Pasó por delante de la verja de la mina esquivando el trasiego de obreros y vagonetas. Subió por el camino principal salpicado de casas de piedra a ambos lados. Divisó una pequeña iglesia en un alto rodeada de huertas y algunas casas, entre las que bajaba un abundante canal de agua empedrado en su cauce. Giró su montura hacia el camino que marcaba la espadaña decorada con dos campanas bien bruñidas.

A sus pies, en la pequeña plaza observó un grupo de mujeres que bajaban con guadañas y hoces en las manos. Andaban ligeras riendo sin dejar de mirar a aquel forastero que pasaba por delante de ellas envuelto en un color claro.